Una foto en el otro lado del mundo

Esto de la fotografía te da satisfacciones inesperadas. Acabo de recibir un mail, en el que una matrona neozelandesa me pide permiso para usar una de mis fotos (en concreto, ésta de mi hijo dando un besito a la tripa de su madre) para ilustrar un folleto informativo sobre un estudio que están realizando sobre evaluación de servicios de maternidad. ¡Nueva Zelanda, nada menos!

Para mí es realmente gratificante, y enriquecedor, que alguien desde el otro lado del mundo pueda ver una de mis fotos, le pueda gustar, y decida usarla. Si además tiene el detalle de contactarme para informarme de ello y pedirme permiso (algo que no tendría por qué hacer; yo publico mis fotos con licencia Creative Commons, lo que implica que cualquiera puede usarlas para lo que quiera sin más requisito que citar su autoría), pues francamente me alegra el día.

Veo gente por ahí que es extremadamente celosa con sus fotografías, a quienes parece que les moleste que “circulen”. No sé. A mí, como fotógrafo amateur, pocas cosas me resultan más gratificantes que el que la gente (cuanta más mejor) vea mis fotos. Si encima alguien las considera lo suficientemente dignas como para usarlas para algo útil… ¡fantástico!