Mi estudio casero
Una de las cosas que he ido aprendiendo en estos meses de afición fotográfica es la importancia de la luz. Algo evidente para los fotógrafos, pero no tanto para los novatos… Y de “lo importante es la luz” a “lo importante es controlar la luz” hay un solo paso. Claro, uno siempre piensa que para “controlar la luz” necesita un estudio fotográfico, con flashes carísimos y todo tipo de aparataje fuera del alcance de un bolsillo amateur. Sin embargo, mientras profundizaba en todo esto, descubrí lo que se ha venido a llamar “Strobist”, una corriente que consiste en iluminar con pequeños flashes (“strobes”, de ahí el nombre) como los que cualquiera puede comprar para su cámara (hay unas webs muy interesantes con mucha información y aplicaciones prácticas: Strobist y Strobist en español)
Y es ahí donde te das cuenta de que puedes tener un pequeño estudio casero por no demasiado dinero. Obviamente sin la potencia de un estudio profesional, pero aun así suficiente como para permitirte bastantes cosas experimentando con la luz. Así que un día, ni corto ni perezoso, decidí montar mi pequeño estudio “de quita y pon”. Compré en Gadget Infinity (una tienda de Hong Kong; buenos precios, y en 9 días tenía el pedido en casa) dos flashes baratitos, dos paraguas blancos para que sirvieran como difusores, dos soportes y dos disparadores remotos.
El día que quieres montar una sesión de estudio necesitas asegurarte de que tienes pilas suficientes (yo tengo varios juegos de recargables), y después habilitar algún rinconcito en la casa (es todo cuestión de mover unos sofás, descolgar algunos cuadros, etc.). Y ya está, a hacer fotos “como si fueras un profesional”. La verdad es que es divertido :)


Comentarios
Divertidísimo, eso sí nada fácil lo de controlar la luz, yo ya he tenido varias sesiones caseras y los resultados con modelos regulares, pero seguimos avanzando.
Muy interesante jugar ademas con geles.
Necesito hacerme con varios juegos de recargables con cargador, ¿alguna recomendación?.
Bueno, si los modelos son los pequeñajos… no hay dios que los controle :D. Una de las cosas importantes de las que uno se da cuenta es que la zona “bien iluminada” es muy pequeña; como se muevan un palmo (alante, atrás, arriba, abajo, derecha, izquierda…) ya pierdes el “sweet spot”; si son demasiado pequeños no hay forma de que se queden ahí, y supongo que los más grandes se acaban aburriendo más pronto que tarde… de hecho, uno también descubre que “ser modelo” es un coñazo.
Los geles todavía no los he pillado, me deben un regalo y creo que me voy a pedir un juego.
De recargables no te puedo decir nada. Yo tengo varios juegos de “las que he pillado”. Sí que hay que procurar que sean de más capacidad que de menos (se nota), pero supongo que eso es una obviedad :D