Jugando con la profundidad de campo

En lo alto del balancín

Cuando cambié de equipo fotográfico me quedé un poco “huérfano” de objetivos. De hecho, ahora sólo tengo uno, un 50 mm… pero eso sí, muy luminoso; alcanza unos “escalofriantes” 1.4.

Esto quiere decir que puedes abrir muuucho el diafragma. Con un doble resultado: posibilidades de hacer fotos con poca luz ambiente (ya que al tener tan abierto el diafragma capta mucha luz; unido a lo bien que se comporta mi cámara con ISO alto… en fin, puedo hacer fotos donde antes no podía) y, si lo deseo, profundidades de campo muy cortitas.

Esta foto es un ejemplo de ello. Está tomada a f2.0. El balancín, en primer plano, empieza desenfocado. Poco a poco vamos entrando en la zona bien enfocada, donde se sitúa la simpática modelo. Y por detrás de ella, el fondo vuelve a estar desenfocado. Para mí este efecto (quizás por lo novedoso) es muy atractivo, agradable visualmente. Y además tiene la habilidad de “aislar” al protagonista, concentrando la atención del espectador en él.

En la parte negativa, jugar con la profundidad de campo te obliga a ser extremadamente cuidadoso, porque a nada que te descuidas el punto de enfoque se te desvía. De hecho en esta foto, lo que está verdaderamente enfocado es la parte de las manos y el antebrazo. La cara empieza ya a salirse de la zona bien enfocada, cuando debería ser la parte más nítida. Pero bueno, teniendo en cuenta que saqué la foto “a ciegas”, poniendo la cámara a la altura de los muslos mientras con las rodillas sujetaba el balancín… ni tan mal.