¿Qué foto vas a hacer que no se haya hecho ya?

Un día me lo preguntó mi mujer. “¿Para qué haces fotos? Si cualquier foto que hagas alguien la ha sacado ya antes…“. Me dejó pensativo. Porque es verdad que, al principio uno, en su ingenuidad, piensa “qué foto más original me ha quedado”. Pero a nada que dedicas un rato a ver fotos ajenas (y en ese sentido internet nos pone en la pantalla millones de fotos al instante) se dá cuenta de que original, lo que se dice original… difícil. No hay nada nuevo bajo el sol, y cualquier foto que quieras hacer ya se ha hecho antes, parecida si no igual. Y probablemente mejor que la que vayas a hacer tú. ¿Entonces? ¿Para qué hacer fotos?

Quizás la respuesta esté en que no importa tanto el resultado, como el proceso. La gracia de sacar fotos no está en la foto que consigues, sino en lo que disfrutas en el camino. Pensando la foto, ejecutándola, trabajándola. Tratando de conseguir que refleje tu visión. Que se puede parecer a la de muchos otros pero que a la vez es única, como único es uno mismo. Y que al final, salvo que te metas a competir con otros a nivel global, tu “competencia” es bastante reducida. En tu entorno social no suele haber demasiados aficionados a la fotografía; y los que hay son suficientemente pocos como para asegurar diversidad de enfoques. ¿Que alguien, en el otro lado del mundo, ya hizo exactamente la misma foto que tú estás haciendo hoy? Posiblemente. Pero qué más da.

Paradójicamente, este debate sobre la originalidad no es original, ni mucho menos. Pero supongo que, en algún momento determinado, todo el mundo se lo plantea.