Fotografía e internet: la presentación

El pasado viernes, junto con la Asociación En-Cuadra a la que pertenezco, organizamos una conferencia titulada “Fotografía e internet” en la que yo “actuaba” como ponente. Éste es el documento que usé para la presentación, con los enlaces a los distintos sitios que iba mencionando.

La idea era plantear, sobre todo pensando en personas aficionadas a la fotografía pero no usuarias intensivas de la red, el amplio abanico de posibilidades que nos ofrece internet para aprender y disfrutar más de la afición fotográfica. La pregunta de partida era: ¿cómo sería nuestra experiencia como fotógrafos (aficionados o profesionales, que a ambos afecta) si no existiese internet? ¿de qué maneras podemos aprovecharnos de internet para mejorar nuestra experiencia como fotógrafos?

A partir de ahí, articulaba cuatro aspectos que considero relevantes:

  • Aprendizaje: la red pone en nuestras pantallas prácticamente todo lo que podamos soñar relacionado con la fotografía. Manuales, tutoriales, publicaciones periódicas, cualquier libro editado en el mundo, el trabajo de grandes fotógrafos en los que fijarnos, experiencias contadas de primera mano por fotógrafos de todo tipo y condición, conferencias y cursos en video, foros donde la interacción con otros usuarios es lo fundamental para obtener respuestas… sea lo que sea lo que necesitemos es todo cuestión de encontrarlo, porque estar seguro que está.
  • Material: desde las especificaciones completas de cualquier tipo de equipamiento, análisis independientes con tanta profundidad como podamos necesitar, experiencias reales contadas de primera mano por los usuarios… a comparadores de precios y posibilidades de adquirir material de primera o segunda mano procedente de cualquier lugar del mundo.
  • Compartir: enseñar nuestro trabajo a todo el mundo con apenas un par de clicks, usando redes sociales, blogs, portfolios… y permitir que nuestras fotos tengan un recorrido muchas veces inimaginable.
  • Sacar partido: nuestras fotos son algo más que meras imágenes, e internet nos permite sacarles partido bien para modificarlas creativamente, para elaborar con ellas todo tipo de productos… o incluso para intentar obtener beneficios económicos con su venta.

En definitiva, como decía durante la presentación, desde que yo empecé con mi afición con la fotografía no sé si he llegado muy lejos; de lo que estoy seguro es que he avanzado mucho más deprisa, y he disfrutado mucho más, gracias a la existencia de internet.

Acrobacias

Caballito

Una de las actividades principales de la Concentración motera en Aranda de Duero fue el concurso de Stunt: gente haciendo “la cabra” con la moto, caballitos, derrapes, piruetas, conducir con los pies… en fin, un show. Y una oportunidad para hacer fotos también.

La primera cuestión era elegir bien el sitio donde me iba a poner. No sabía muy bien cómo se iba a desarrollar el evento: había una zona vallada (la verdad es que en cuestiones de seguridad estaba todo muy bien preparado), pero no estaba seguro de en qué parte se iban a ver las mejores acrobacias porque nunca había estado en algo parecido. Así que decidí ponerme en alguna zona “del medio” y así tener una buena visión de los dos extremos de la pista. Tuve la precaución de ponerme de espaldas al sol (para asegurarme que los sujetos iban a quedar bien iluminados; si me hubiera puesto del otro lado hubiese sido un desastre) y de buscar una zona en la que sólo había valla hasta la cintura (el resto del circuito tenía vallas de 2 metros… sacar fotos a través de ella hubiese sido más complicado). En definitiva, estar bien colocado supuso tener que estar un ratito antes del inicio del evento; pero es que si no no hubiese tenido sitio.

Luego empezó el show. Las motos salían de un extremo de la pista, y empezaban con sus cabriolas hasta llegar al otro lado. Luego, media vuelta y cabriolas en el otro sentido. Así que podía captarles bien tanto a la ida como a la vuelta. Armado con mi objetivo 70-300 mm, puse los controles en manual (para asegurar la consistencia durante la sesión), con una velocidad alta para el obturador (para asegurarme de que era capaz de congelar el movimiento; si hubiese escogido una velocidad demasiado baja las motos hubiesen salido movidas), y una apertura tan pequeña como fuese posible (para conseguir una profundidad de campo pequeña y así separar a los sujetos del fondo; sujeto enfocado, fondo desenfocado… ójala mi objetivo fuese más luminoso para acentuar este efecto). Y empecé a disparar.

El gran problema que encontré fue el autofocus. Con las motos corriendo a toda velocidad, alejándose y acercándose de mi posición… el motor de enfoque de mi cámara no me pareció lo suficientemente rápido, y de hecho muchas de las fotos que hice las tuve que descartar porque no estaban correctamente enfocadas. Posiblemente hubiese sido mejor idea elegir una zona determinada del circuito, hacer foco de forma manual en esa zona, y limitarme a hacer fotos cuando las motos pasasen por allí… pero bueno, aun así algunas salieron correctamente enfocadas.

También hice uso del modo “ráfaga” de la cámara (suena TAN profesional cuando tiras varias fotos por segundo… ), lo que incrementa las posibilidades de que, en una de las pasadas de la moto, puedas llegar a captar un momento interesante. Aunque con el problema ya comentado del enfoque automático era difícil que todas las fotos de la misma ráfaga saliesen correctamente enfocadas…

Pero bueno, fue una experiencia más que interesante. Estuve un ratito, hasta que me aburrí. Me sorprendió ver la cantidad de gente que había viendo el show, y que lo seguían con atención. Mientras que a mí todas las piruetas me parecían básicamente igual, por allí había gente que era capaz de apreciar diferencias, matices… que a mí se me escapaban. Está claro que hay frikis de casi cualquier tema que te imagines.

Barridos nocturnos

Moto nocturna

Barridos, que no berridos…

Una de las actividades que se incluían en el programa de la Concentración Motera era un “desfile de Antorchas por las calles de la villa en memoria de los moteros caídos“. Vamos, un montón de moteros en sus motos, haciendo un ruido de mil demonios (no sólo los motores, petardeos incluídos, sino también las bocinas), paseando a medianoche en una ruta por el pueblo. A pesar de que de las antorchas no queda ni rastro (imagino que por una cuestión de seguridad han sido sustituídas por una especie de “sables láser” que no molan ni la mitad), es un espectáculo vistoso.

Yo había renunciado a bajar a hacer fotos. Total, con mi cámara tampoco esperaba hacer nada medianamente decente. Pero como pasaban al lado de casa, al final cuando empecé a oir el estruendo bajé a echar un vistazo y ya que estaba agarré la cámara.

Las condiciones para hacer fotos son las peores imaginables: muy poca luz (la que puedan dar las farolas del pueblo) + objetos en movimiento. Para colmo, mi equipo tampoco es que esté especialmente preparado para fotografía nocturna: el máximo ISO de mi cámara es 1600 (y con un ruido impresentable), y tampoco tengo ningún objetivo especialmente luminoso (tengo un 50 mm. 1.8 pero manual; al final me bajé con el 14-45 que es 3.5…). Pensé en montar el flash, pero es que para sacar fotos con el flash montado en la cámara… pues como que tampoco (sí, hubieran salido, pero sin ninguna “chicha” fotográfica; que es lo que trato de desarrollar ahora). Quizás si lo hubiese pensado con más tiempo, podría haber bajado un par de flashes, colocarlos en ambos lados de la calle (a ser posible con “asistentes humanos”) y dispararlos con el disparador remoto, y así conseguir una zona razonablemente bien iluminada… pero vamos, no fue el caso.

O sea, que por mucho que me esforzase, las fotos iban a ir con una exposición lo suficientemente larga como para asegurar que las motos iban a salir movidas sí o sí. Así las cosas, estaba descartada la posibilidad de sacar una foto mínimamente nítida… así que me puse “creativo” a hacer estos barridos nocturnos.

La técnica del barrido consiste en, con un tiempo de exposición suficientemente largo, acompañar con la cámara a un objeto en movimiento (en este caso, las motos que pasan por delante tuyo). Es lo que hacen los fotógrafos de deportes (motor, ciclismo, carreras…), que van girando la cámara cuando la acción pasa por delante de ellos. Si se hace bien (algo que pasa una de cada… n veces; imagino que n tiende a reducirse con la práctica), se consigue mantener a parte del objeto mínimamente enfocado (conseguir un enfoque perfecto se me antoja dificilísimo, el movimiento de la cámara tendría que ser exactamente igual al del objeto en velocidad, trayectoria…) mientras que el fondo queda difuminado/movido.

Por ejemplo, en el caso de esta foto la cara del motorista está razonablemente enfocada (dentro del desenfoque; pero creo que hasta se le podría reconocer), mientras que el resto de la escena queda completamente difuminado.

Hice otras cuantas con la misma técnica. Sé que distan mucho de ser “perfectas”, pero es todo lo que fui capaz de rescatar de ese rato que, por otro lado, estuvo entretenido.

Concentración motera en Aranda de Duero

Descanso al sol

Este fin de semana se ha celebrado en Aranda de Duero la Concentración Motera “Dos Leones”. El pueblo lleno de moteros, de día y de noche, animando con color (bueno, color poco; negro sobre todo) y ruido (eso sí, con ganas) el panorama. Y oye, quieras que no una oportunidad para sacar fotos diferentes. Así que me armé con la cámara y me fui al lugar de la concentración. Estuvo divertido, me entretuve sobre todo sacando detalles llamativos de las motos, y también fotografiando un concurso de acrobacias que había organizado. Me faltó un poco más de desparpajo para hacer más “reportaje social” aprovechando toda la galería de personajes que por allí circulaban… sigue siendo una asignatura pendiente.

He colgado unas cuantas fotos en Flickr de la Concentración Motera, ¡por si queréis echarles un vistazo!

Haciendo panorámicas

Las fotos panorámicas (la unión de dos o más fotografías tomadas de forma independiente para formar una sola de tamaño mayor) suelen ofrecer resultados bastante llamativos. La verdad es que nunca le había dedicado mucho tiempo. En su momento hice algún experimento rápido del que extraje algunas auto-recomendaciones para hacer panorámicas. Pero no había vuelto sobre el tema… hasta esta semana. Resulta que en el curso de Photoshop que estoy impartiendo surgió el tema de las panorámicas, y estuve explicando la forma de hacerlas… y me picó el gusanillo. Así que me armé de cámara y trípode y salí a hacer algunos experimentos.

Y es que hasta el momento mi acercamiento a las panorámicas había sido demasiado “clásico”: dos o tres fotos a un paisaje, y unir en horizontal, sin más. Pero en realidad se pueden hacer panorámicas mucho más elaboradas, uniendo tomas en horizontal, vertical… pero también de forma muy sencilla (instrucciones para hacer panorámicas con Photoshop). Por ejemplo, esta imagen de la fachada de la iglesia de Santa María (en Aranda de Duero) es la unión de seis fotografías (tres en la fila de abajo, y tres en la fila de arriba). El resultado es una imagen “imposible” teniendo en cuenta el espacio que hay disponible entre la fachada y el edificio de enfrente (no sé si con un gran angular se podría llegar a captar la fachada desde una perspectiva tan frontal; desde luego con lo que yo tengo no), y jugando con la perspectiva se le puede dar una apariencia razonablemente realista.

Santa Maria Aranda

Otro ejemplo similar con la fachada de la iglesia de San Juan; aquí se han unido tres fotografías. Quienes conozcan el lugar sabrán lo estrechita que es esa calle, y el poco espacio que hay como para tomar una imagen frontal. Y sin embargo el resultado de la panorámica está bastante logrado.

Pórtico San Juan

Luego me fui a la plaza mayor, y allí hice una panorámica más “clásica” (en cuanto al formato horizontal) pero con la peculiaridad de ser de 360º; el edificio que aparece a la izquierda y a la derecha es el mismo.

Panorámica 360º Aranda de Duero

Y de hecho, trabajando sobre esta misma fotografía, hice una “panorámica polar”. Se trata de un efecto que había visto por ahí y que no sabía cómo se hacía… resulta que es realmente sencillo (ver instrucciones para hacer panorámica polar), y ofrece un resultado bien curioso, como si fuera un pequeño planeta.

Aranda Polar

En fin, un pasito más

Flash de relleno

Retrato en el bosque

Esta foto está tomada el día que estuvimos de excursión en el Monasterio de Piedra. Después de subir y bajar un buen montón de escaleras (nada del otro mundo a no ser que vayas con dos niños pequeños, sillita, bolso, paraguas para por si acaso… me río yo de los sherpas del Himalaya), nos sentamos un ratito en una zona de recreo, con columpios y demás. Una zona muy agradable, a la sombra de los árboles.

Precisamente estos árboles proporcionaban un excelente difusor natural para la luz, generando una zona de luz bastante homogénea en la que sacar fotos. Pero, en la zona del fondo, la luz del sol penetraba en todo su esplendor, provocando un contraste lumínimo importante. Y ya se sabe que, mientras que nuestro ojo es capaz de lidiar con ese rango dinámico sin problemas (es decir, podemos visualizar a la vez zonas bastante contrastadas) las cámaras no: o exponemos adecuadamente para la zona más iluminada (en cuyo caso las zonas menos iluminadas nos aparecerán bastante sombrías), o exponemos adecuadamente para las zonas menos iluminadas (en cuyo caso la zona de más luz aparecerá totalmente quemada).

Pero hay una forma de evitar esta situación, y es utilizando el flash como relleno. Se ajusta la cámara para exponer correctamente la zona más iluminada, y se activa el flash (en este caso el integrado de la cámara; realmente hay pocas situaciones más en las que resulte de utilidad) para dar un poco de luz extra a la zona menos iluminada. De esta forma, evitamos que aparezca como una mancha oscura. Y si podemos ajustar la potencia del flash, entonces podemos adecuarlo para que el “flashazo” no sea ni excesivo ni insuficiente (¿cómo? ensayo error :D)

Pues eso es lo que hice aquí. Así, conseguí que el fondo soleado apareciese correctamente expuesto, y a la vez iluminé el rostro de la modelo con el flash para equilibrar la exposición de los dos planos.

Posando

Uno de los objetivos que tenía cuando saqué mi “estudio casero” la otra tarde era, aparte de entretener una tarde lluviosa, hacerme un nuevo “avatar” para su uso en blogs, redes sociales y demás. Creo que es bueno actualizarla con cierta frecuencia (nos parece que no, pero año a año vamos cambiando, por no decir envejeciendo; y hay gente con la que te llevas una buena sorpresa cuando te la encuentras en persona y la comparas con el avatar que suelen usar), y a mí ya me tocaba.

Así que, después de montar toda la instalación y hacer los ajustes a la cámara, le cedí “los trastos” a mi mujer para que me hiciese fotos. Y la verdad, hizo un estupendo trabajo. No sólo en lo fotográfico (que también), sino sobre todo a la hora de “dirigir al modelo”. Porque mis primeras fotos fueron con cara de “hola, estoy aquí, me están sacando una foto”. Es decir, expresión plana, aburrida, sin ninguna chispa. Y entonces ella empezó a hacerme reir, a sugerirme que hicera alguna gansada… vamos, al estilo de los fotógrafos que se ven en la tele. Eso consiguió por un lado arrancarme unos cuantos gestos mucho más naturales, y además “soltarme” para que yo mismo me atreviese a poner algunas caras y gestos que, en condiciones normales, no pones.

Me ayudó a ponerme en el lugar del modelo, y a entender lo importante que es “distraerle” para que aparezcan las miradas más espontáneas y “dirigirle” para que pruebe distintos gestos, distintas posturas… algunos pueden sonar a “locura” (“imagínate que eres Kyle Minogue”, me dijo ésta… la cara que puse no aparece en las fotos :D), en otras piensas “buah, ésta cara está superforzada”. Da igual, lo importante es hacer y hacer fotos, cuantas más caras distintas puedas poner mejor. Es verdad, algunas quedan ridículas, exageradas; pero no importa, ya se seleccionarán después. Porque luego te sorprendes cuando alguna de ésas que tú pensabas “ni de coña” resulta que no queda tan mal.

Ah, el efecto “collage” que ilustra este post lo he hecho con un software que se llama… Shape Collage. Chulo y directo al grano, pero tiene el inconveniente de que la versión gratuita te marca la foto con su dirección web.

Mi estudio casero

Una de las cosas que he ido aprendiendo en estos meses de afición fotográfica es la importancia de la luz. Algo evidente para los fotógrafos, pero no tanto para los novatos… Y de “lo importante es la luz” a “lo importante es controlar la luz” hay un solo paso. Claro, uno siempre piensa que para “controlar la luz” necesita un estudio fotográfico, con flashes carísimos y todo tipo de aparataje fuera del alcance de un bolsillo amateur. Sin embargo, mientras profundizaba en todo esto, descubrí lo que se ha venido a llamar “Strobist”, una corriente que consiste en iluminar con pequeños flashes (“strobes”, de ahí el nombre) como los que cualquiera puede comprar para su cámara (hay unas webs muy interesantes con mucha información y aplicaciones prácticas: Strobist y Strobist en español)

Y es ahí donde te das cuenta de que puedes tener un pequeño estudio casero por no demasiado dinero. Obviamente sin la potencia de un estudio profesional, pero aun así suficiente como para permitirte bastantes cosas experimentando con la luz. Así que un día, ni corto ni perezoso, decidí montar mi pequeño estudio “de quita y pon”. Compré en Gadget Infinity (una tienda de Hong Kong; buenos precios, y en 9 días tenía el pedido en casa) dos flashes baratitos, dos paraguas blancos para que sirvieran como difusores, dos soportes y dos disparadores remotos.

Estudio casero

El día que quieres montar una sesión de estudio necesitas asegurarte de que tienes pilas suficientes (yo tengo varios juegos de recargables), y después habilitar algún rinconcito en la casa (es todo cuestión de mover unos sofás, descolgar algunos cuadros, etc.). Y ya está, a hacer fotos “como si fueras un profesional”. La verdad es que es divertido :)

Azul y verde

Azul y verde

Este fin de semana, aprovechando el festivo en Castilla y León, estuvimos de viaje familiar a Calatayud, con el objetivo principal de ver el Monasterio de Piedra. Y la verdad es que mereció la pena (y los “sufrimientos” de verlo con dos niños, carrito, bolsos, etc, etc.). Un paraje precioso, del que encima pudimos disfrutar en un día cálido y soleado. Por encima de las habituales fotos de las cascadas (que también hice alguna; aunque tampoco demasiadas, porque o va uno de padre, o va de fotógrafo), me quedo con ésta; una instantánea en el llamado Lago del Espejo, cubierto parcialmente por vegetación, y haciendo honor a su nombre reflejando el cielo en el resto. Verde y azul, así recuerdo el lugar.

Animalito

Animalito

Hace unos meses estuvimos de visita familiar en Faunia, y aproveché para llevarme la cámara. La verdad es que nunca antes había fotografiado animales en “libertad” (bueno, tampoco domésticos). Y resultó de lo más entrenido… ¡aunque no fuera fácil! Como ya conté la experiencia en su momento, voy a “copiarme” el texto a mí mismo.

“Y es que sacar fotos en Faunia no es sencillo. En primer lugar, los “modelos” son bichos, que tienen la odiosa manía de no quedarse quietos cuando tú les dices. Así que entre que encuadras, mides luz, enfocas, no sé qué y no sé cual… el bicho se ha ido, o ha cambiado de postura… malditos seres vivos.

Y aparte el gran problema, desde mi punto de vista, es la iluminación. En las zonas exteriores hay pocos momentos de “luz total”. La mayoría de los animales están en entornos de “medio luz, medio sombra”. Y ya se sabe que esas son las peores situaciones para la fotografía: si mides la luz para exponer correctamente las zonas iluminadas, la zona de sombra queda totalmente oscura. Y si mides la luz para exponer correctamente las zonas de menos luz, las de más luz quedan completamente quemadas. Y si a eso añadimos que los propios protagonistas solían estar “entre sol y sombra” (y suficientemente lejos como para tirarles un flash de relleno, además de que es una putada para los pobres bichos tirarles el flashazo).

Y en zonas interiores… simplemente había luz insuficiente. Eso significa que para exponer bien la foto necesitas de tiempos de exposición largos. Ergo buen pulso o trípode… y eso suponiendo que los modelos se queden quietos, lo cual no es su costumbre. Esto se puede solventar incrementando el valor de la ISO (que refleja la sensibilidad a la luz: si se pone un ISO elevado te permite hacer fotos con poca luz sin tener que poner demasiado tiempo de exposición). Pero aun así, mi cámara no daba demasiado de sí (hay otras, más nuevas y más caras, que permiten poner un valor ISO bastante elevado sin generar excesivo ruido; hubiesen sido ideales para una situación así).

Obviamente, lo de tirar flash no era una opción. En primer lugar porque el sentido común y unos bonitos letreros te dicen que no lo hagas (para no molestar a los animales – aunque a la vista de la cantidad de ellos que vi, a mucha gente se la sudan los carteles, el sentido común y el bienestar de los animales). Y en segundo lugar porque muchos de los bichos se encuentran detrás de unos bonitos cristales. Disparar con flash en esas condiciones sólo te asegura una foto para tirar, víctima del reflejo del flash en el cristal. Pero de nuevo, visto lo visto, a la gente le daba igual – todavía pensarían que las fotos que hacían servían para algo.”

Ah, y un último apunte que añado ahora: la composición. Si ya es difícil hacer una composición decente cuando controlas el entorno y al modelo… aquí es mucho más difícil. Encontrar un encuadre interesante, con un fondo adecuado, y que el animal coincida que está donde tú quieres que estar, y además que ponga una “expresión” afortunada…. vamos, que eso sí que es una “conjunción planetaria”.