Retratos del revés

Hace unos días vi por ahí esta colección de fotos de “famosos al revés“. Un efecto curioso, con resultados entre divertidos e inquietantes… el caso es que me dije “eh, esto tengo que hacerlo yo”.

Y dicho y hecho, aquí estoy yo “al revés”.

La verdad es que no tiene mucho misterio.

  • Se trata de tomar cualquier retrato, y se generan dos capas iguales. La de abajo será la base “al revés”, y la de arriba la foto original.
  • A la capa de abajo hay que darle “todas las vueltas posibles”: es decir, primero rotarla 180º (para ponerla del revés) y segundo (e importante) voltearla horizontalmente (para que luego al superponer la foto original coincida la orientación de las luces y las sombras y el efecto sea más verosímil).
  • Después, a la capa de arriba hay que crearle una máscara de capa (para poder ajustar el encaje entre una y otra), y alinearla (para que los ojos, nariz, boca… queden en una posición centrada respecto a la cara de la base). A partir de ahí ya es todo cuestión de jugar con los pinceles en la máscara de capa, para lograr una transición suave entre lo de arriba y lo de abajo.

Mi querida fotografía

Esto de aquí es mi primer experimento de “dear photograph”. Dear Photograph es una web que recopila un tipo de fotos muy concreto. Se trata de coger una fotografía en papel, irse a la misma localización donde se tomó originalmente, y tomar una nueva fotografía superponiéndola al escenario actual. Fotográficamente hablando, no deja de ser un pequeño experimento (de buscar la localización, jugar con las perspectivas y las focales, etc.), pero aviso que el efecto puede ser bastante impactante, sobre todo para los que sean sensibles a la nostalgia. Y es que ver superpuestas escenas del pasado y del día de hoy y establecer comparaciones, ver a seres queridos que ya no están, y niños que crecieron, y… tiene su efecto.

Aprovechando que el fin de semana estuve en casa de mis padres, “hurté” una foto del pasado (esto será 1991 o 1992). Aquí estoy yo con mi padre y mi hermana, posando en la Plaza Mayor de Salamanca (debía ser Semana Santa). Y me fui a la misma plaza, foto en mano, a intentar replicar el efecto “dearphotograph”.

No fue sencillo, y no estoy muy satisfecho con el resultado. El principal problema que identifiqué, creo, es que la foto original estaba tomada con un angular demasiado grande. Es decir, que en la foto aparecía “mucho escenario”. Como consecuencia, para intentar cuadrarla con la foto actual (que encima hice con la compacta; si la hubiera hecho con la réflex podría haber puesto también yo un angular mayor para equilibrar la cosa), tuve que acercar mucho la foto a la cámara, prácticamente “tapando” toda la escena (y perdiendo gran parte del atractivo de la foto, que es “cuadrar” una con otra). Viendo los ejemplos que aparecen en la web, se ve claramente que en general la foto en papel ocupa sólo una parte del resultado final (mientras que en la mía ocupa casi todo el espacio).

Para la próxima vez, tendré que buscar una foto que esté hecha con una focal más grande, y además hacer la toma yo con un angular mayor. Creo. Seguiremos experimentando.

I wanna rock

I wanna rock

Cómo es la vida. Un día estás haciendo fotos a tu precioso bebé, y sin darte cuenta se te vuelve un macarra. Vale, la guitarra es de juguete. Y el fondo es un montaje. Pero será cuestión de meses…

De esta foto hay cuatro cosas que desde mi punto de vista merece la pena comentar:

  • El gesto: para conseguir un gesto, una expresión, que la posición de las manos esté en un sitio correcto… es cuestión de hacer muchas fotos. Supongo que un modelo profesional hace que el porcentaje de fotos buenas / fotos descartables aumente, pero aquí había que intentarlo de la mejor manera posible… cuestión de pedirle al niño que se divirtiera, y de ir haciendo fotos. Con suerte, alguna cuadra.
  • La composición, con el niño desplazado a la izquierda, ocupando la línea de los tercios al igual que la cama, equilibrando ligeramente la foto con el mástil de la guitarra. Es curioso como este tipo de cosas las vas haciendo cada vez de forma más inconsciente.
  • La iluminación: siendo en interior, hacía falta flash. Estaba montado en la cámara, pero en vez de dirigirlo directamente al sujeto, estaba dirigido hacia atrás y a la derecha. De esta forma, el flash rebota en las paredes del cuarto y lo que es en origen una pequeña fuente de luz concentrada se transforma en una fuente de luz mucho más grande. De esta forma, conseguimos una iluminación mucho más suave y difusa. La (escasa) luz ambiente que había (la lámpara del cuarto) prácticamente no influye nada, ya que los parámetros manuales de la cámara estaban configurados de forma que, sin el flash, la imagen estaba prácticamente oscura.
  • El fondo: la pared es blanca. El fondo lo introduje con photoshop, a partir de una ilustración que encontré por ahí. Pero en vez de meterla “a capón”, jugué con los modos de fusión de capas (en este caso “Darken”) para hacer que sólo las partes oscuras del dibujo (los trazos) fuesen visibles, mientras que en la parte clara (el fondo blanco) seguiría prevaleciendo la pared original. De esta forma, la sensación es mucho más real (se perciben las sombras, el ligero degradado de la iluminación, e incluso la suciedad de la pared). Lo demás era cuestión de trabajar bien la máscara de capa que permitiera que el niño, la cama, la guitarra… permanezcan en primer plano.

Fotos en la cartera

Nunca he llevado cartera. Siempre me ha parecido un chisme que abultaba mucho, y yo siempre procuro ir con lo mínimo imprescindible en los bolsillos. Así que nunca “disfruté” de esa bonita costumbre de llevar unas fotos de tus seres queridos siempre a mano. Costumbre que, por otra parte, nunca entendí desde fuera. ¿Era algo sentimental, para “sentirte cerca” de los tuyos (aun cuando los vieras a diario? ¿O mera utilidad, para enseñarles cuando se presentara la ocasión?

El hecho es que gracias a los móviles y sus cada vez mejores prestaciones en términos de visualizadores de imágenes, las fotos han migrado desde la tradicional cartera al smartphone. Pero… ¿qué fotos?

Precisamente hoy he dedicado un rato a actualizar y ordenar un poco las fotos que llevo de “cartera” en el móvil. Son un puñado de fotos representativas: padres, hijos, mujer… ¿Que por qué las llevo? Pues no lo sé. Supongo que me gusta mirarlas de vez en cuando. Y enseñarlas también. Cualquiera de los dos motivos puede resultar un poco “pueril”, no sé, pero el hecho es que me gusta tenerlas ahí. Y ya que te pones, no está de más tenerlas mínimamente actualizadas y ordenadas.

Lo bueno de “dedicarse” a la fotografía (como hobby, ya sabéis) es que frente a las tradicionales “fotos de carnet” o “fotos de fotomatón”, puedes llevar algunas fotos más bonitas. No en vano te dedicas a hacer cientos de fotos al cabo del año… ¡alguna saldrá digna de ir a la colección de “selectas”! Así, de paso que presumes de lo guapos que están tus niños, presumes también de “y estas fotos las he hecho yo”. Sí, lo sé. Esto sí es pueril.

Retoques: familia monstruosa

No es que sea yo un fan de Halloween como fiesta. Pero reconozco que visualmente tiene su punto. Así que aprovechando la época del año, me propuse hacer una serie de retratos familiares “diferentes”… digamos que monstruosos.

Aproveché que hace poco estuvimos haciendo una sesión en el estudio casero con los críos (jugando a poner caras, sacar la lengua… esas cosas; aunque al final somos los mayores los que más hacemos el ganso, pero bueno) para tener unas fotos de base. Y a partir de ahí, a retocar: unas texturas por aquí, un “liquify” por allá, cambios de color…

Y aquí los resultados. Terroríficos, lo sé :)

Dark angel
El pequeño Frankenstein
La serpiente
Zombi Vampiro o viceversa

Retoques: abducida

El otro día me puse a retocar esta foto. Está tomada en la Peña de Francia, en Salamanca, con mi mujer asomada al borde del abismo. Mi idea inicial era simplemente hacer un retoque por zonas con el objetivo de equilibrar un poco mejor la zona más iluminada (el fondo, bañado por el sol) y la zona más oscura (el primer plano, que estaba en la sombra). Y así empecé. Pero luego me empecé a animar… la postura de la modelo podría dar mucho juego. Me evocaba esas imágenes donde el cielo se abre para mostrar la iluminación divina… o para mostrar los rayos de una nave espacial que abducen incautos.

Así que nada, un cono de luz por aquí, el círculo de abajo, una sombra inventada, reforzar el contraste sobre los brazos y la cabeza (como si efectivamente hubiese un foco de luz iluminando desde encima). Capas, máscaras de capa, opacidad variada… y un buen rato jugando. Soy consciente de que podría haber sido mucho mejor, pero me dio la oportunidad de “inventar” durante un rato. Y el resultado… no está mal, ¿no?

Pd.- Mi mujer bien, gracias. Únicamente que estos últimos días está un poco rara. No sé qué de Raticulín, y de una evacuación mundial, que hay trece millones de naves de una confederación intergaláctica. Pero bueno, yo no le hago mucho caso.

Nerea en clave alta

Nerea 1

Hace tiempo que oía la expresión “clave alta”, referida a un tipo de fotos en las que predominan los tonos claros. Aunque nunca me había parado a entender bien qué implicaba, o cómo se conseguía una foto así. De hecho, por lo que leo, incluso hay discusiones sobre matices que a mí, ahora mismo, se me escapan.

Mentiría si dijera que esta foto la hice queriendo. Fue más producto de la casualidad. Día nublado, fondo que aparece quemado… y ahí estoy yo, revisando las fotos. Una lástima, con la expresión tan simpática que tiene la niña… y fue ahí donde pensé: “¿y si, ya que estamos, exagero un poco más la exposición?” Dicho y hecho. Si el cielo estaba parcialmente quemado, acabé de quemarlo. La camiseta de la niña, blanca de por sí, también se quemó. ¿Color o blanco y negro? Estuve dudando, probando con las dos alternativas, pero al final me convenció más el blanco y negro. Con las curvas acabé de darle contraste a la foto.

¿Esto es “clave alta” o no? Pues no lo sé. Pero el resultado me gusta.

Fotos de lugares solitarios

El banco de la marisma

“Mira que te gustan las fotos así, solitarias”. Me lo dijo mi mujer mientras le enseñaba (de vez en cuando me deja que le dé la brasa con mis fotos, incluso hace como que le interesan… es un amor :D) las últimas fotos “artísticas” que había sacado durante el verano. “¿Solitarias?”, me pregunté… Pero sí, es verdad, nunca me había fijado pero parece que tengo cierta tendencia a hacer este tipo de composiciones “solitarias”, frías, como sin vida.

¿Por qué? No lo sé. Supongo que es lo que algunas escenas me sugieren. Una cierta frialdad, la melancolía de los espacios inhabitados. A lo mejor son los días nublados, que me sugieren más ese estado de ánimo. Nunca me había parado a pensarlo, para la próxima estaré más atento.

Aunque igual es simplemente que es más fácil hacer una foto a una escena “inerte” que integrar en ella a las personas. Una persona puede darle la vida a una escena, pero también “estropearla” con mucha facilidad si no consigues dar con la postura, el gesto… que la escena requiere. Así que, al fin y al cabo, igual es mera comodidad :)

Fuegos artificiales sobre Salamanca

Fuegos artificiales sobre Salamanca

Hace unos días, aprovechando las circunstancias (fiestas en el pueblo donde viven mis padres, tradición pirotécnica de las fiestas de España y terraza especialmente apropiada para ello) me puse a probar a hacer fotos de fuegos artificiales por primera vez. Había leído ya algunos consejos, de los cuales seguí la mayoría: la cámara quieta (no tenía trípode, pero la dejé en la cornisa), diafragma cerrado (bueno, no demasiado: f 8.0), disparador remoto, tiempo de exposición (de hecho, usé el modo BULB), ISO baja (200)… y bueno, a probar.

¿Qué cosas puedo añadir de mi experiencia?

  • No sabes dónde ponerte hasta que no es demasiado tarde: salvo que conozcas perfectamente dónde se van a tirar los fuegos, lo alto que van a llegar… es difícil que puedas escoger un sitio “perfecto”, buscando el encuadre. Te queda confiar en que tendrás una buena visión, y cuando empiecen los fuegos te adaptas a lo que hay.
  • Los fuegos se solapan: parece una chorrada, pero no lo es. Esas bonitas fotos que se ven por ahí, donde una única explosión de color queda perfecta, no es real. En la realidad, un fuego va pisando al anterior; algo que es bonito de ver, pero no tanto de fotografiar. Así pues, de 50 fotos que hagas habrá 5 en las que quede una composición bonita, el resto es una acumulación de explosiones sin orden ni concierto.
  • El humo: ¡sorpresa! Los fuegos, al explotar, dejan un rastro de humo. Una pequeña nubecilla que, mientras dura el tiempo de exposición, es iluminada por los fuegos posteriores. Y para colmo, se mueve. Como resultado, un “manchurrón” queda en la foto. Si tienes suerte y está aislada se puede corregir después con el retoque (en esta foto, por ejemplo, había una en la esquina inferior derecha), pero lo normal es que entre en conflicto con algún fuego y no sea “extirpable”, afeando el resultado (como aquí también se puede ver)
  • El negro, a negro: un retoque que creo necesario a posteriori es forzar los negros para que el color del cielo sea totalmente oscuro y de esta forma los fuegos resalten más
  • Más color: en vivo, los fuegos parecen muy coloridos. Pero luego en la foto igual no resultan tanto… así que es recomendable darle caña a la saturación en el retoque para que destaquen un poco más.

En fin, una experiencia más.

¿Qué foto vas a hacer que no se haya hecho ya?

Un día me lo preguntó mi mujer. “¿Para qué haces fotos? Si cualquier foto que hagas alguien la ha sacado ya antes…“. Me dejó pensativo. Porque es verdad que, al principio uno, en su ingenuidad, piensa “qué foto más original me ha quedado”. Pero a nada que dedicas un rato a ver fotos ajenas (y en ese sentido internet nos pone en la pantalla millones de fotos al instante) se dá cuenta de que original, lo que se dice original… difícil. No hay nada nuevo bajo el sol, y cualquier foto que quieras hacer ya se ha hecho antes, parecida si no igual. Y probablemente mejor que la que vayas a hacer tú. ¿Entonces? ¿Para qué hacer fotos?

Quizás la respuesta esté en que no importa tanto el resultado, como el proceso. La gracia de sacar fotos no está en la foto que consigues, sino en lo que disfrutas en el camino. Pensando la foto, ejecutándola, trabajándola. Tratando de conseguir que refleje tu visión. Que se puede parecer a la de muchos otros pero que a la vez es única, como único es uno mismo. Y que al final, salvo que te metas a competir con otros a nivel global, tu “competencia” es bastante reducida. En tu entorno social no suele haber demasiados aficionados a la fotografía; y los que hay son suficientemente pocos como para asegurar diversidad de enfoques. ¿Que alguien, en el otro lado del mundo, ya hizo exactamente la misma foto que tú estás haciendo hoy? Posiblemente. Pero qué más da.

Paradójicamente, este debate sobre la originalidad no es original, ni mucho menos. Pero supongo que, en algún momento determinado, todo el mundo se lo plantea.